Valores Sociales

Día 4: Recortes que siegan vidas

Si, recortes que siegan vidas y ciegan a quienes deben hacer prevaler el derecho al amparo y la protección por encima de todas las cosas. Así está la cosa, que hoy nos despertamos con el n-ésimo caso de violencia de género anunciado! Hoy es mi cuarto día del reto de 16 días para concienciar sobre la violencia de género, y estamos de luto!.

caso de violencia de genero

Algunos cercanos lo dicen: había presunción de maltrato hacia las niñas y sin embargo se le permitían la visitas no supervisadas; la madre de las víctimas había denunciado por maltrato psicológico en el 2013, pero se le consideró un “caso de vejaciones” ¿Y eso qué significa? ¿Que la pena no da para tanto? ¿Que los insultos y vejaciones no son “motivo de alarma”? … es que no entienden los jueces que esa es la base de la pirámide de la violencia!  que las vejaciones, humillaciones son sólo el inicio de una serie de eventos que suelen siempre ir a mas! ¿Era muy difícil poner en observación de conducta al denunciado? ¿no se le podía ordenar una evaluación psicológica para determinar si habría lugar o no a posibles mayores maltratos? … seguro que la respuesta a las dos últimas preguntas es “no hay presupuesto para todos los casos que se denuncian” y menos mal que no fue, como en el caso de otras varias, “señora intente usted arreglar las cosas, mire que el proceso es largo… ” … en fin, hasta aquí habla mi indignación!. 

 

lazo de luto

 

Los niños no son un estorbo ¿o si?

En el mundo actual, desafortunadamente parece ser que la respuesta, es sí: son un estorbo al sistema productivo tal y como está concebido actualmente. Una contradicción, si tenemos en cuenta que el sistema productivo necesita mano de obra, y la mano de obra son los adultos del mañana, es decir, los niños de hoy.

Pero las condiciones de crianza que nos plantea la “modernidad”, dejan entrevisto que los niños si son un estorbo, ya que no podemos trabajar si tenemos que estar al cuidado de ellos. Surge entonces el dilema de la conciliación laboral y parental, por lo que buscamos escolarizarlos lo antes posible, de modo que podamos volver a nuestro ritmo de productividad; los hemos alejado de nuestros hogares y los hemos consignados en centros educativos, donde les enseñaran a ser mas productivos. Vaya coincidencia!

Antaño, los niños estaban siempre con sus padres, al menos durante la mayor parte del día, y más aún si eran menores de 6 años. Acompañaban a las madres durante sus labores domésticas y/o productivas; aprendían de la mano de sus abuelos y de sus padres y madres, oficios varios y valores tantos; aprendían de forma práctica las nociones básicas de matemáticas y conocimiento del medio, ya que daban una mano en las labores del campo, o en los negocios familiares (ya fuesen pequeños talleres artesanales o locales comerciales).

Hace poco, en mi viaje a Colombia, hablando de los viejos tiempos,  mi abuelita me contaba, que en las trastiendas de casi todos los negocios y talleres había un pequeño cuarto donde estaban los niños, haciendo sus deberes, o ayudando en oficios varios a la familia. Estaban siempre al cuidado de sus padres, y no estorbaban: la gente no se ofendía porque en el negocio hubiesen críos jugando o ayudando. Pero todo esto cambió, porque desafortunadamente, unos cuantos padres en unos pocos países, comenzaron a “explotar” laboralmente a los niños, haciéndolos pasar por penurias y maltratos sin límite en pos de una mayor productividad; en ese momento, el hecho de que un niño ayudase en las labores u oficios comenzó a ser regulado, al punto de ser entendido como prohibitivo en una sociedad civilizada.

¡Desde luego que un niño no debe trabajar! Eso no tiene lugar a discusión, pero creo que el hecho de haberlos alejado del lugar de trabajo de los padres, para evitar  que pudiesen llegar a ser en algún modo explotados, abrió el camino para que se convirtiesen en un estorbo en el sistema productivo actual. Tal y como ha pasado con nuestros viejos, que también los hemos ido alejando de nuestros hogares, entre otras cosas, porque no los consideramos productivos (a pesar de todo lo que tienen por aportar y enseñar, que es incuantificable) o porque el sistema no nos permite cuidar de ellos y ser productivos al mismo tiempo.

El hecho de ser un impedimento en el desarrollo de la cadena productiva, ha hecho que miles de parejas se planteen el hecho de nunca tener hijos/hijas; otras tantas encuentren en terceros el apoyo para poder tener hijos, educarlos y seguir trabajando, y otras pocas hayan decidido romper esa cadena de productividad para hacerse cargo de ellos/ellas.

No es fácil y tampoco lógico entenderlo… Pero desafortunadamente es cada vez más común oír hablar de los niños en términos de impedimentos para el desarrollo profesional y productivo, o como promotores de dificultades a la hora de lograr una conciliación laboral. Y ni que decir de lo “normal” que es oír decir lo “fastidiosos y molestos” que son los niños, o de encontrar lugares públicos donde no se permite entrar con niños (porque resultan molestos, y no porque sean lugares inapropiados), y donde sencillamente no son bienvenidos, como hoteles, aerolíneas y restaurantes. Para la muestra, un post publicado hace un par de semanas en una Web de Padres: http://serpadres.taconeras.net/2012/03/27/los-pecados-de-los-padres/

Estamos ante una encrucijada, que requiere un cambio de paradigma frente a lo que es un sistema productivo que no permite a los padres ejercer el derecho del niño de ser atendidos en primera persona por sus progenitores, en todo momento y lugar, sin sentir que están fallando al propósito de éxito de sus vidas.

¿O será el propósito de éxito, el paradigma que debemos cambiar? …